Los ‘procesos químicos’ del neolítico: la invención de la cerámica.

El barro: Sus propiedades fundentes, opacificantes y su coloración dependen de la presencia de determinados óxidos metálicos

El barro fue la primera materia prima usada por el Homo sapiens. Utilizado para construir casas, utensilios, recipientes y las primeras formas artísticas, bien para representaciones antropomorfas o bien para modelar figuras zoomorfas.

La necesidad de transportar alimentos o almacenarlos hace que se construyan recipientes duraderos y más prácticos en lugar de las canastas o cestas que usaban los cazadores-recolectores.

El nacimiento de la cerámica se remonta al periodo neolítico, en torno al 10.000 a.C., que fue cuando aparecieron los primeros recipientes para almacenar alimentos y agua.

El siguiente paso fue decorar sus creaciones con diferentes matices cromáticos.

La cocción del barro permite lograr piezas más duraderas, resistentes e impermeables, cuya forma puede ser modificada a voluntad. Este proceso no sólo permite fabricar vasijas, sino también construir otros objetos, como sellos para estampar que pudieron servir como amuleto o para marcar propiedades, adornos, etc.

Al ser un material blando, es también fácil de decorar, bien por impresión, incisión, pintado, etc,.

La aparición de la cerámica marca una etapa decisiva de la evolución humana y un punto de inflexión en el proceso de neolitización.

La fabricación alfarera

En la fabricación alfarera intervienen varios elementos. La arcilla, el principal, puede ser mezclada con otros materiales como arena, desperdicios, cabellos, etc, lo que determina un resultado muy diferente.

La cocción, quizás la parte del proceso más importante, depende de las condiciones en que se realice, en especial la cantidad de oxígeno, que determinará el color final de la pieza, desde el rojo -con oxidación- hasta el gris o negro -reducida-.

La forma y el tamaño de la pieza podía determinarse a mano, moldeándola y añadiendo piezas a modo de asas, bolas, anillos, láminas, etc.

También la arcilla podía ser prensada en moldes o moldeada en un torno lento (a partir del 4500 a.C.) o rápido (desde el 2000 a.C.).

Por último, la arcilla podía ser esmaltada, pintada, pulimentada, llevar incrustaciones o, desde el 1500 a.C., ser vidriada. Los diferentes tipos cerámicos resultantes determinan la existencia de diferentes tradiciones arqueológicas, siendo de gran utilidad para el estudio de las culturas del pasado.

Etimológicamente el vocablo cerámica procede del griego ‘keramiké‘, forma femenina de ‘keramikós‘, que significa ‘sustancia quemada‘. Con este término se designaba al barrio de los alfareros de la antigua Atenas, los artesanos encargados de fabricar objetos a partir de arcilla cocida.

Los óxidos metálicos y la decoración

La industria de la cerámica, desde un punto de vista químico, se basa en las combinaciones binarias entre el oxígeno y elementos metálicos, tales como el cobre, el manganeso o el plomo. Las propiedades de los materiales están dictadas por los tipos de átomos presentes y por la unión que se establece entre ellos. Generalmente suelen tener una combinación de enlaces iónicos, entre un metal y un no metal, y enlaces covalentes, entre los elementos no metálicos. Son ellos los responsables de la dureza, del elevado punto de fusión, de la baja expansión térmica y de la excelente resistencia química.

Los óxidos metálicos que participan en la composición de la cerámica se pueden agrupar en tres categorías: fundentes, opacificantes y colorantes. Los primeros son aquellos que permiten rebajar el punto de fusión de la mezcla y conseguir que todos los componentes se fundan en la cocción. Hay básicamente dos tipos, los que actúan como fundentes a baja temperatura (plomo, litio, potasio y sodio) y aquellos que lo hacen a elevada temperatura (calcio, bario, magnesio y estroncio).

El siguiente grupo estaría formado por los óxidos metálicos que sirven para opacificar, es decir, para eliminar la transparencia natural de los vidriados y obtener cubiertas opacas. En este grupo encontramos a los óxidos de cinc, titanio, estaño y zirconio.

Por último, pero no por ello menos importante, estarían los óxidos metálicos que aportan color y son los que se encuentran presentes en las cerámicas más antiguas, ya que fueron los primeros que se emplearon para decorar la superficie de las vasijas. Entre ellos están el óxido de hierro, que genera tonos rojizos y pardos; el óxido de cobre, responsable de verdes y turquesas; el óxido de cobalto, para las tonalidades azuladas, o el óxido de manganeso, cuando lo que se quiere conseguir son colores tierras o violetas.

Cerámica andalusí

La utilización del óxido de manganeso, de cobre y de estaño fue la base decorativa de la famosa cerámica califal, y es que fue con estas sustancias químicas con las que se consiguieron sus conocidos colores verdes (óxido de manganeso) sobre una base blanquecina (dióxido de estaño). El verde manganeso de la cerámica califal, procedente de los talleres de Medina Azahara, consiguió imponerse en los gustos de la época.

En al-Andalus también se desarrolló la técnica del esgrafiado, que consistía en la cubrición de objetos cerámicos, en su mayoría jarras de pequeño tamaño, con una capa de óxido de manganeso, la cual era ‘arañada’ con un buril para conformar los diferentes motivos decorativos (formas vegetales, simbólicas, zoomorfas, figurativas, geométricas o epigráficas).



Fuentes: ABC , artehistoria.com

Los ajustes de cookies de esta web están configurados para "permitir cookies" y así ofrecerte la mejor experiencia de navegación posible. Si sigues utilizando esta web sin cambiar tus ajustes de cookies o haces clic en "Aceptar" estarás dando tu consentimiento a esto. más información

Los ajustes de cookies de esta web están configurados para "permitir cookies" y así ofrecerte la mejor experiencia de navegación posible. Si sigues utilizando esta web sin cambiar tus ajustes de cookies o haces clic en "Aceptar" estarás dando tu consentimiento a esto.

Cerrar